Otra vez el Presidente señala al mensajero cuando el problema es el mensaje. Lo que enrarece el ambiente político es la violencia política, no que se hable de ella. Foto: Fernando Carranza, Cuartoscuro.

Dice el Presidente que los medios exageran la violencia política, los asesinatos de candidatos, para enrarecer el ambiente político de cara a las elecciones. Nada extraño que López Obrador apunte a los medios, han sido su enemigo favorito en ellos últimos meses. Pero, ¿realmente los medios exageran la violencia?

Esta es un discusión muy vieja, tan vieja como la existencia de medios libres. A los políticos no les gusta que se hable de la violencia. A Calderón, por ejemplo, le molestaba que le contaran los muertos y más aún que le llamaran “los muertos de Calderón”, como ahora a los morenistas y los fans del Presidente no les gusta que se hable de “los muertos de López Obrador”; tan exagerado y falso lo uno como lo otro. Esas formas de nombrar, que son en sí mismo un acto político y no informativo, sí pasan por los medios, está en las columnas de opinión, entre otras cosas porque se ha normalizado que los políticos participen como analistas o comentaristas en medios de comunicación. Sin embargo, la discusión es si la violencia cotidiana debe o no ser parte de las portadas de los periódicos y el contenido de los informativos de radio y televisión. El argumento para no hacerlo suele sugerir que reportar los muertos es una forma provinciana de hacer periodismo, que los medios “serios” no publican ese tipo de nota roja, la violencia cotidiana.

Desde el momento que hablamos de violencia cotidiana algo anda mal. Nos hemos acostumbrado a que todos los días existan en el país decenas de muertes al grado que, efectivamente, ya no son noticia. No obstante, cuando se trata de candidatos la dimensión de la violencia cambia. No porque los políticos sean más importantes que los ciudadanos comunes, ni siquiera que esos que malamente llamamos delincuentes comunes, sino porque la violencia política en todas sus formas, particularmente cuando se trata homicidios, no solo atenta contra la paz social sino contra la democracia misma.

Uno solo candidato asesinado debería ponernos en alerta; van más de 40, la mayoría de ellos candidatos a alcaldes de municipios pequeños o medianos. Es cierto, son menos que en 2018, lo cual no puede leerse como una mejora. Los de este año se suman a los de hace tres y hace seis y es así como vamos perdiendo la gobernabilidad del territorio. Dejar que el crimen organizado decida a través de la violencia el futuro político de las comunidades es claudicar a los deberes del Estado.

Otra vez el Presidente señala al mensajero cuando el problema es el mensaje. Lo que enrarece el ambiente político es la violencia política, no que se hable de ella.