Alberto Anaya Gutiérrez, presidente nacional del PT; Karen Castrejón Trujillo, presidenta nacional del PVEM y Mario Delgado, presidente nacional de Morena. Foto: Galo Cañas, Cuartoscuro.

Dice la sabiduría popular que con quince centavos no haces tres cuartos de llamada, se necesita el veinte completo. La metáfora hace referencia a los teléfonos públicos de monedas que, allá en los años setenta, antes de que apareciera la hiperinflación, había que insertarles una moneda de veinte centavos por minuto de conferencia telefónica, local. Algo similar sucede con los votos en las cámaras: de poco sirven las mayorías simples si no tienes los votos para aprobar leyes, presupuestos o cambios constitucionales.

La gobernabilidad de la Cámara de Diputados se ha complicado en los últimos días para el Presidente López Obrador. Los partidos aliados, los enanos, crecieron y se rebelaron. No porque tengan más votos, no porque hayan cambiado su visión política, sino porque saben que hoy sus votos valen más.

Primero fue el Verde, el partido mercenario por excelencia, quien recién pasada la elección mandó mensaje que no necesariamente votaría con Morena, que antes habría que llegar a un nuevo acuerdo político. La respuesta fue una investigación por corrupción contra su líder visible, el exgobernador de Chiapas, Manuel Velasco, el penañietito Verde. No es que antes no fuera corrupto: cuando el Presidente pactó con él al arranque del sexenio ya sabía quién era el personaje, más aún, de ahí salió en dinero que el exfuncionario modelo David León le dio al hermano Pío. Lo único que cambió fue la posición política: antes ser aliado del Presidente les redituaba suficiente; hoy que son el fiel de la balanza su precio subió. El golpeteo también.

Ayer fue el PT. El partido que en la campaña se autodenominaba cien por ciento obradorista, dijo que no votará las reformas de la Guardia Nacional y la desaparición de plurinominales. La postura del PT frente ambas leyes tiene algún sentido histórico y mucho sentido político, pues el PT, un partido nacido de los movimientos sociales del norte del país, ha sido siempre un crítico del Ejército en las tareas de seguridad pública y su presencia en las cámaras tiene que ver fundamentalmente con la representación proporcional (a penas gana un par de distritos si no es en coalición). Pero no podemos despegar esta postura pública del PT de la manifestación de las aspiraciones presidenciales del histriónico y cínico Diputado de la toallita, Gerardo Fernández Noroña, que si algo conoce bien son las debilidades de Morena. El PT y Noroña están aprovechando el momento político para subir el precio.

El problema de fondo es la administración del circo. La negociación, siempre complicada con los partidos para conseguir los votos en el Congreso, solía hacerla la Secretaría de Gobernación. Ante la debilidad estructural de esta figura en el Gobierno de López Obrador, al Presidente y sus asesores no se les ocurrió mejor idea que mandar a los domadores (el SAT, la UIF y la Fiscalía) a someter a latigazos a los enanos del Verde y a los viejos leones desdentados del PRI, PAN y PRD. En el inter, los obedientes payasitos de traje rojo se salieron del huacal.

La rebelión de los enanos es el augurio de un complicado y desatado segundo tiempo para el Presidente López Obrador.